Dile a un taxi que siga tus pensamientos
lunes, 24 de noviembre de 2014
miércoles, 19 de noviembre de 2014
miércoles, 12 de noviembre de 2014
Mis frases favoritas (Jorge Luis Borges: Aprendiendo)
"Después de un tiempo, uno aprende la sutil diferencia entre sostener una mano y encadenar un alma.
Y uno aprende que el AMOR no significa acostarse.
Y que una compañía no significa seguridad, y uno empieza a aprender ....
Que los besos no son contratos y los regalos no son promesas, y uno empieza a aceptar sus derrotas con la cabeza alta y los ojos abiertos, y uno aprende a construir todos sus caminos en el hoy, porque el terreno del mañana es demasiado inseguro para planes ... y los futuros tienen su forma de caerse por la mitad.
Y después de un tiempo uno aprende que, si es demasiado, hasta el calor del Sol puede quemar.
Así que uno planta su propio jardín y decora su propia alma, en lugar de esperar a que alguien le traiga flores.
Y uno aprende que realmente puede aguantar, que uno es realmente fuerte, que uno realmente vale, y uno aprende y aprende ... y así cada día.
Con el tiempo aprendes que estar con alguien, porque te ofrece un buen futuro, significa que tarde o temprano querrás volver a tu pasado.
Con el tiempo comprendes que sólo quien es capaz de amarte con tus defectos sin pretender cambiarte, puede brindarte toda la felicidad.
Con el tiempo te das cuenta de que si estás con una persona sólo por acompañar tu soledad, irremediablemente acabarás no deseando volver a verla.
Con el tiempo aprendes que los verdaderos amigos son contados y que quien no lucha por ellos tarde o temprano se verá rodeado sólo de falsas amistades.
Con el tiempo aprendes que las palabras dichas en momentos de ira siguen hiriendo durante toda la vida.
Con el tiempo aprendes que disculpar cualquiera lo hace, pero perdonar es atributo sólo de almas grandes.
Con el tiempo comprendes que si has herido a un amigo duramente, es muy probable que la amistad jamás sea igual.
Con el tiempo te das cuenta que aun siendo feliz con tus amigos, lloras por aquellos que dejaste ir.
Con el tiempo te das cuenta de que cada experiencia vivida con cada persona es irrepetible.
Con el tiempo te das cuenta de que el que humilla o desprecia a un ser humano, tarde o temprano sufrirá multiplicadas las mismas humillaciones o desprecios.
Con el tiempo aprendes a construir todos tus caminos en el hoy, porque el sendero del mañana no existe.
Con el tiempo comprendes que apresurar las cosas y forzarlas a que pasen, ocasiona que al final no sean como esperabas.
Con el tiempo te das cuenta de que en realidad lo mejor no era el futuro, sino el momento que estabas viviendo justo en ese instante.
Con el tiempo verás que aunque seas feliz con los que están a tu lado, añorarás a los que se marcharon.
Con el tiempo aprenderás a perdonar o pedir perdón, decir que amas, decir que extrañas, decir que necesitas, decir que quieres ser amigo, pues ante una tumba ya no tiene sentido.
Pero desafortunadamente, sólo con el tiempo..."
lunes, 10 de noviembre de 2014
Pequeña Historia. La Estampita
Era pequeño para entender nada.¡Si no sabía hablar, qué iba a entender! De repente, recibía un albor de luz que se colaba por entre las cortinas color canela y sol que púdicamente cubrían la madera pintada de blanco descascarillado de los postigos que vedaban el balcón, detenido en la frontera de orgullosos barrotes de hierro oxidado. Entonces, sentía que era la hora de levantarse y despertaba regocijándose con la jornada de besos y carantoñas que le aguardaba. Bueno y, quizá alguna amorosa regañina. Saltaba del lecho y corría hambriento a desayunarse los besos de su madre.
Ésta, la pobre, se repartía entre su otros cinco hijos, los desvelos de su cuidado y algún trabajillo ajeno para, de vez en cuando, darles un postre batido de azúcar y nata de leche. La vida más de una vez había querido despedazarla porque ¡A ver, hija, a algunos les regala sonrisas y a otros les clava los colmillos! Pero a pesar de las dentelladas no se había descorazonado y había sellado las fauces del sino con las miradas límpidas y enormes de sus hijos y una Esperanza con letra grande. Sus niños todos sabían dónde guardaba su madre las estampitas que piadosamente besaba todos los días y todos - porque todos eran niños de su madre -, de vez en cuando las veneraban con devoción y gravedad. Pero el pequeño… Ah, el pequeño. El pequeño se extasiaba. Con su boquita morena, su lengüetilla rosa, sus pestañazas negras, las miraba y remiraba. Como no sabía hablar pugnaba por decirlo y por fin conseguía balbucir un “¿Jeszú?”.
Un día, a su madre alguien le dio una estampita de un Cristo maniatado chorreando sangre por donde el látigo atroz había mordido su carne sagrada .El chiquillo cuando lo vio se puso muy triste y un livianísimo velo cubrió sus pupilas. Y preguntó a su madre: - ¿Duele?
- Sí, hijo mío, sí. Y todos tenemos un poquito la culpa. Todos menos tú y tus ángeles compañeros.
El querubín morenote le dedicó desde entonces sus más tiernos cuidados. Al amanecer ya no iba corriendo lo primero a su madre, sino que ahora iniciaba sus días con su visita al pobre “Jeszú” al que tanto daño habían causado. Una de aquellas ocasiones, de tanto mirarlo, conoció la pena y, chupándose las muñecas y las palmas de las manos, las pasaba una y otra vez por las heridas de su Señor de la estampita al tiempo que sin darse cuenta derramaba gruesos lagrimones sobre su imagen querida. Por fin, agobiado por la angustia , quedó dormido.
Al rato, su madre oyó por el pasillo sembrado de arabescos las corretadas que de sobra conocía, pero que esta vez anunciaban premura .Sin saber por qué, corrió desmadejada y algo asustada para recibir a su hijito abalanzándose sobre ella. No parecía su pequeñín. El semblante distinto, resplandeciente, los ojos refulgentes, sus gritos de alborozo y, en sus manos todavía regordetas, apretadas contra su jovencísimo pecho abierto ya por el primer traspaso de amor, el Cristo del dibujo sin sangre, las heridas restañadas, la vestidura alba de luz y, en su Santa Faz una sonrisa que aún nadie ha podido explicar.
Moraleja: El amor no pensado podría curar las heridas del mundo, si fuésemos capaces de creer en los milagros, como cuando éramos niños.
viernes, 7 de noviembre de 2014
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